Book Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Chapter Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Class Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Assignment Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Quiz Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Discussion Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Character Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
School Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
El viento aulló sobre las ruinas de la Fortaleza de Ceniza como si el cielo mismo lamentara lo que estaba a punto de ocurrir. Dante se aferró a la cornisa de piedra, con los nudillos blancos y el corazón latiendo con tal fuerza que sentía cada pulsación en las sienes. Abajo, en el gran salón circular donde los seis pedestales de obsidiana sostenían los sellos restantes, una luz carmesí parpadeaba con la urgencia de una advertencia que nadie quería escuchar.
—No deberías estar aquí —dijo una voz a sus espaldas.
Dante se giró y encontró al Maestro Umbral, envuelto en su túnica de un gris tan profundo que parecía absorber la poca luz que quedaba en aquella tarde tormentosa. Su rostro, surcado por arrugas que contaban siglos de vigilancia, mostraba una expresión que Dante jamás le había visto: miedo.
—Me dijiste que observara —respondió Dante, intentando que su voz no temblara—. Que un guardián debe conocer cada señal, cada temblor.
—Te dije que observaras desde la torre de vigía, no desde el borde del abismo. —El Maestro Umbral se acercó con pasos que no producían sonido alguno sobre la piedra mojada—. El sexto sello está cediendo, muchacho. Y cuando se rompa, lo que salga de esa grieta no distinguirá entre maestros y aprendices.
Como si las palabras del anciano hubieran sido una invocación, un estruendo sacudió la fortaleza. El suelo tembló bajo sus pies y Dante cayó de rodillas, agarrándose a las grietas de la piedra milenaria. Desde el salón de los sellos ascendió un resplandor rojo sangre que tiñó las nubes de un color que no pertenecía a ningún atardecer natural.
—¡Ya viene! —gritó alguien desde abajo.
Dante reconoció la voz: Lira, la guardiana del quinto sello. Era apenas tres años mayor que él, pero su voz cargaba la autoridad de alguien que había enfrentado la oscuridad y había sobrevivido para contarlo. La vio correr por el pasillo inferior, su cabello plateado ondeando tras ella como una bandera de batalla.
El Maestro Umbral agarró a Dante por el hombro con una fuerza sorprendente para alguien de su edad aparente.
—Escúchame bien, porque quizá no tenga oportunidad de repetirlo. Eres el guardián del séptimo sello. El último. Si los demás caen, tú eres lo único que se interpone entre la Erosión y el mundo.
—Pero apenas llevo un año de entrenamiento —protestó Dante, sintiendo cómo el pánico se enroscaba en su estómago como una serpiente fría—. No sé ni la mitad de los rituales de protección.
—Ningún guardián ha estado jamás verdaderamente preparado. Esa es la primera lección que nunca te enseñé. —El Maestro Umbral soltó su hombro y se dirigió hacia las escaleras que descendían al salón—. Quédate aquí. Pase lo que pase, no bajes.
Pero Dante no era de los que obedecían cuando el mundo se desmoronaba. Esperó a que la silueta gris del maestro desapareciera escaleras abajo y luego lo siguió, pegándose a las paredes húmedas como una sombra más entre tantas.
El salón de los sellos era una cámara circular de proporciones catedralicias. Siete pedestales de obsidiana negra se alzaban en un círculo perfecto, cada uno coronado por una esfera de cristal que contenía un resplandor de diferente color. O al menos así había sido. Los primeros cinco pedestales estaban vacíos, sus esferas rotas hacía generaciones. Solo quedaban dos: el sexto, cuya esfera emitía ahora aquel resplandor rojo enfermizo, y el séptimo, el suyo, que brillaba con una luz plateada tan tenue que apenas se distinguía.
Lira estaba de pie junto al sexto pedestal, con las manos extendidas hacia la esfera como si intentara sostenerla con pura voluntad. Su rostro estaba bañado en sudor y sus ojos, normalmente del color del acero pulido, ardían con una determinación feroz.
—No aguantará —murmuró Dante desde su escondite tras una columna.
Y no aguantó.
La esfera del sexto sello se agrietó primero por arriba, como un huevo resquebrajándose desde dentro. Luego las grietas se extendieron en una telaraña luminosa que recorrió toda la superficie del cristal. Lira gritó, no de dolor sino de frustración, y retrocedió justo cuando la esfera explotó en mil fragmentos que se disolvieron antes de tocar el suelo.
De donde había estado la esfera brotó algo que Dante no supo cómo describir. No era humo, ni sombra, ni líquido. Era una ausencia, un vacío con forma, como si alguien hubiera recortado un trozo de realidad y lo hubiera reemplazado con nada. Se expandió lentamente, palpitando como un corazón oscuro, y de su interior surgió un susurro que era muchas voces hablando a la vez.
—La Erosión —dijo el Maestro Umbral, que había llegado al centro del salón con un bastón tallado con runas que brillaban como brasas—. Retroceded. Todos.
Otras figuras habían aparecido en el salón: centinelas con armaduras de un metal blanquecino que Dante sabía era más fuerte que el acero. Pero incluso ellos retrocedieron ante aquella presencia que no era presencia.
La Erosión habló, y su voz era como el sonido de piedra desmoronándose:
—Seis… rotos. Queda… uno.
La forma oscura giró lentamente, como si buscara algo. Y entonces se detuvo. Dante sintió que aquella ausencia lo miraba directamente, a pesar de no tener ojos, a pesar de estar escondido tras una columna de piedra maciza. Lo miraba a él, al guardián del séptimo sello.
El miedo que sintió fue diferente a cualquier otro que hubiera experimentado. No era el miedo a la oscuridad, ni a las alturas, ni siquiera a la muerte. Era el miedo a dejar de existir, a ser borrado como una palabra mal escrita, a convertirse en nada.
—Dante, ¡corre! —La voz de Lira cortó a través del terror como un rayo.
Sus piernas reaccionaron antes que su mente. Corrió. Corrió por el salón, escaleras arriba, por pasillos que conocía de memoria gracias a meses de entrenamiento. Detrás de él, sentía la Erosión persiguiéndolo, no con velocidad sino con inevitabilidad, como una marea que no se puede detener.
Llegó a la torre del séptimo sello, su torre, el lugar donde había pasado incontables horas meditando frente a aquella esfera plateada que ahora parecía tan frágil, tan pequeña, tan insuficiente para proteger a un mundo entero.
Se detuvo frente al pedestal, jadeando, y colocó ambas manos sobre la esfera. El contacto envió una descarga por todo su cuerpo, como si cada célula despertara simultáneamente. La luz plateada se intensificó, llenando la torre con un brillo que hizo retroceder las sombras.
Desde abajo llegaron sonidos de lucha. Voces gritando órdenes. El choque de armas contra algo que no era materia.
—Resiste —se dijo Dante a sí mismo, apretando los dientes—. Tienes que resistir.
Pero mientras la luz del séptimo sello lo envolvía, una verdad incómoda se abrió paso en su mente como una raíz a través de la roca: no sabía cómo. No sabía cómo proteger el sello, no sabía qué sacrificio le pediría, no sabía si tendría el valor de ofrecerlo cuando llegara el momento.
Lo único que sabía era que era el último guardián, y que el mundo entero descansaba sobre los hombros de un chico de catorce años que todavía no había aprendido a no tener miedo.
Por favor espere mientras se generan los temas...
Por favor espere mientras se genera el contenido...
Please wait while the Instagram image is being generated...
Funnel Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Organization Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Esta herramienta analiza a los usuarios existentes para identificar posibles bots basándose en diversos patrones y comportamientos.
Advertencia: Este análisis se basa en patrones y puede generar falsos positivos. Revise siempre los resultados cuidadosamente antes de actuar.