El cielo no había sido azul en tres años. Desde la Gran Caída, una capa permanente de ceniza gris cubría la atmósfera, filtrando la luz del sol hasta convertirla en un resplandor anaranjado que teñía todo de un tono crepuscular perpetuo. Valeria se ajustó la mascarilla de tela sobre la nariz y contempló las ruinas de lo que alguna vez fue Madrid desde la azotea del edificio que ahora llamaba hogar.
Tenía diecisiete años, pero sentía que había vivido mucho más. Recordaba vagamente cómo era el mundo antes: las pantallas encendidas en cada esquina, los coches atascados en las calles, la gente mirando sus teléfonos mientras caminaba. Todo eso se había desvanecido cuando los sistemas colapsaron en cadena: primero la red eléctrica, luego las comunicaciones, después el suministro de agua y alimentos. En cuestión de semanas, la civilización tal como la conocían dejó de existir.
No fue una guerra ni un meteorito. Fue algo más lento y más cruel: décadas de negligencia acumulada, recursos agotados y un clima que finalmente cobró su deuda. Los científicos lo habían advertido durante años, pero las advertencias se perdieron en el ruido del progreso.
Valeria vivía con un grupo de veintitrés supervivientes en los pisos superiores de un antiguo centro comercial. Lo llamaban La Colmena. Habían convertido la azotea en un huerto, recogían agua de lluvia en cisternas improvisadas y generaban electricidad con paneles solares rescatados de edificios abandonados.
Su líder era Marcos, un antiguo profesor de ingeniería de cuarenta y tantos años que había perdido a toda su familia en los primeros meses del colapso. Hablaba poco de aquellos días, pero había canalizado su dolor en una obsesión constructiva: reconstruir. No el mundo de antes, que según él estaba condenado desde sus cimientos, sino algo nuevo y mejor.
—No podemos repetir los errores —decía siempre durante las reuniones nocturnas, cuando el grupo se sentaba en círculo alrededor de una hoguera—. Si reconstruimos lo mismo, volveremos a destruirlo.
Valeria admiraba su visión, pero a veces se preguntaba si era posible. ¿Podían un puñado de supervivientes crear una sociedad mejor cuando la anterior, con todos sus recursos, había fracasado?
