Book Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Chapter Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Class Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Assignment Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Quiz Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Discussion Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Character Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
School Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
El reloj de la plaza de San Martín llevaba ciento veinte años dando las horas. Cada mañana a las ocho sonaban ocho campanadas que despertaban a los vecinos más dormilones. A mediodía, las doce campanadas marcaban la hora de comer. Y a las seis de la tarde, cuando los niños salían de la escuela, seis campanadas alegres les daban la bienvenida al parque.
Pero aquel lunes de octubre, el reloj no sonó.
Vera fue la primera en darse cuenta. Tenía diez años, el pelo rizado siempre recogido con una cinta verde y unos ojos tan oscuros que parecían absorber la luz. Le gustaba madrugar para leer en el banco que había justo debajo de la torre del reloj, y aquella mañana, cuando miró hacia arriba esperando oír las ocho campanadas, solo encontró silencio.
-Es raro -murmuró, y sacó su cuaderno de tapas moradas del bolsillo de la chaqueta. Vera lo apuntaba todo: conversaciones que escuchaba, cosas que le parecían sospechosas, ideas para sus historias. Era lo que ella llamaba «su archivo de misterios».
De camino al colegio se encontró con Mateo, su vecino y mejor amigo. Mateo tenía nueve años, era alto y delgado como una caña de pescar, y siempre llevaba una lupa colgada del cuello que le había regalado su abuelo.
-El reloj no ha sonado -le dijo Vera sin preámbulos.
-Ya lo sé. Mi madre ha llegado tarde al trabajo porque se fiaba de las campanadas para saber la hora. Dice que es culpa del ayuntamiento.
-No creo que sea culpa de nadie oficial -dijo Vera bajando la voz-. Creo que ha pasado algo.
-Siempre crees que ha pasado algo.
-Y casi siempre tengo razón.
Mateo suspiró, pero sonrió. Conocía a Vera desde los cuatro años y sabía que cuando se le metía una idea en la cabeza, era más fácil mover una montaña que convencerla de lo contrario.
En el colegio, la tercera pieza de su equipo ya estaba esperándolos en la puerta. Lina era nueva en el barrio. Había llegado en septiembre desde otra ciudad y todavía estaba aprendiendo a orientarse por las calles. Tenía el pelo liso cortado a la altura de los hombros, usaba unas gafas redondas que le daban aspecto de búho sabio y era la mejor de la clase en ciencias naturales y matemáticas.
-¿Os habéis enterado de lo del reloj? -preguntó Lina con los ojos brillantes-. He pasado por la plaza y había un grupo de vecinos discutiendo. Doña Carmen, la de la panadería, dice que oyó ruidos extraños anoche cerca de la torre.
Vera abrió su cuaderno y apuntó: «Ruidos nocturnos. Testigo: doña Carmen. Fuente: Lina».
-Tenemos que investigar -dijo Vera.
-Primero tenemos clase de mates -le recordó Mateo.
-Las mates pueden esperar. El misterio, no.
-Las mates no pueden esperar, Vera. Es un examen.
Después del examen, que Vera terminó en la mitad del tiempo para poder concentrarse en lo importante, los tres amigos se reunieron en el patio.
-Plan de acción -dijo Vera, y abrió su cuaderno por una página nueva-. Primero, vamos a la plaza a observar la torre del reloj de cerca. Segundo, hablamos con doña Carmen sobre esos ruidos. Tercero, hacemos una lista de sospechosos.
-¿Sospechosos de qué? -preguntó Lina-. Igual simplemente se ha estropeado.
-Los relojes de torre no se estropean de la noche a la mañana sin motivo -dijo Vera-. Llevan un mecanismo de engranajes que necesita mantenimiento, sí, pero don Ernesto lo revisa cada tres meses. Y la última revisión fue hace solo cuatro semanas.
-¿Cómo sabes eso? -preguntó Mateo asombrado.
-Porque lo apunté en mi cuaderno. Página cuarenta y tres.
Mateo y Lina intercambiaron una mirada. A veces Vera daba un poco de miedo.
Aquella tarde, después de clase, los tres fueron a la plaza. La torre del reloj se alzaba en el centro, hecha de piedra gris con números romanos pintados en blanco. Las agujas estaban paradas en las tres y cuarenta y siete. Un cartel del ayuntamiento decía: «Reloj en reparación. Disculpen las molestias».
-En reparación -leyó Mateo-. Asunto resuelto.
Pero Vera se fijó en algo que los demás no vieron. La puertecita de madera que daba acceso al interior de la torre tenía el candado roto. No abierto con llave. Roto.
-Los del ayuntamiento tienen llave -dijo Vera señalando el candado-. Si fueran ellos, no habrían tenido que romperlo.
Lina se agachó y examinó el suelo alrededor de la puerta.
-Hay marcas de barro. Alguien con botas grandes estuvo aquí hace poco. Y mira, hay virutas de metal del candado.
Vera apuntó todo en su cuaderno. Mateo sacó su lupa y examinó las marcas.
-Botas de trabajo, diría yo. Con suela gruesa y dibujo de espiga.
-Primer caso oficial del Club de Investigadores de la Plaza -anunció Vera cerrando su cuaderno con una palmada-. Alguien ha entrado en la torre del reloj por la fuerza. La pregunta es: ¿quién y por qué?
Por favor espere mientras se generan los temas...
Por favor espere mientras se genera el contenido...
Please wait while the Instagram image is being generated...
Funnel Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Organization Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Esta herramienta analiza a los usuarios existentes para identificar posibles bots basándose en diversos patrones y comportamientos.
Advertencia: Este análisis se basa en patrones y puede generar falsos positivos. Revise siempre los resultados cuidadosamente antes de actuar.