Book Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Chapter Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Class Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Assignment Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Quiz Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Discussion Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Character Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
School Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Gaspar tenía ocho años, un parche en el ojo (que no necesitaba, pero que le parecía muy pirata), un sombrero enorme que le tapaba las orejas y un secreto terrible, horroroso, espantoso, que no podía contarle a nadie.
Gaspar, el pirata, tenía miedo al agua.
No un poquito de miedo. No un miedo pequeñito y manejable. No. Gaspar tenía un miedo gigantesco, monumental, del tamaño de una ballena. Solo con ver una piscina le temblaban las rodillas. Si oía el sonido de las olas, se le ponían los pelos de punta. Y cuando llovía, se escondía debajo de la mesa como si cayeran meteoritos.
—¡Un pirata que le tiene miedo al agua! —podéis pensar—. ¡Eso es ridículo!
Y tenéis razón. Es bastante ridículo. Pero Gaspar no lo había elegido. El miedo había llegado un día, cuando era muy pequeño, y se había instalado en su barriga como un inquilino que no paga alquiler.
Gaspar vivía en la Isla del Cocotero Loco con su padre, el Capitán Barbagris, el pirata más famoso del Mar de las Siete Mareas. Su padre tenía una barba gris enorme, una pata de palo que chirriaba al caminar y un loro llamado Pistacho que solo sabía decir «¡Croquetas! ¡Croquetas!».
—Hijo —le dijo el Capitán Barbagris una mañana—, ha llegado el momento. Tienes ocho años. Es hora de que te unas a la tripulación del Rayo Errante y aprendas a ser un pirata de verdad.
A Gaspar se le cayó la tostada de las manos.
—¿El… el Rayo Errante? ¿El barco? ¿El que va… por el agua?
—Pues claro que va por el agua, hijo. ¿Dónde quieres que vaya, por el aire?
—¡Croquetas! —gritó Pistacho.
Gaspar tragó saliva. No podía decirle a su padre que tenía miedo al agua. El Capitán Barbagris era el pirata más valiente del mundo. Se había enfrentado a tiburones, tormentas y a la señora del puerto que le cobraba doble por el amarre. ¿Cómo iba a confesarle que su hijo temblaba con solo oír la palabra «mar»?
—De… de acuerdo, papá —dijo Gaspar con una sonrisa temblorosa—. Seré pirata.
—¡Así me gusta! ¡Esa es la sangre de los Barbagris!
El Rayo Errante era un barco precioso, con velas rojas y un mascarón de proa en forma de dragón. La tripulación estaba formada por los piratas más peculiares que Gaspar había visto en su vida.
Estaba Polvorilla, una chica de diez años que era la artillera del barco. Tenía el pelo lleno de pólvora y las cejas un poco chamuscadas porque le encantaban las explosiones.
—¡Bienvenido a bordo, novato! —dijo Polvorilla, dándole una palmada en la espalda que casi lo tira al suelo—. ¿Sabes disparar un cañón?
—No —dijo Gaspar.
—¡Mejor! ¡Así te enseño yo! ¡BOOM!
Después estaba Galleta, el cocinero. Era un hombre gordito con un bigote rizado y un delantal que decía «Besa al cocinero… o camina por la plancha». Galleta cocinaba fatal, pero nadie se lo decía porque era muy sensible.
—He preparado sopa de pulpo con mermelada de fresa —anunció Galleta, orgulloso.
Todos pusieron cara de asco, pero disimularon.
Y por último estaba Viento, un niño de la edad de Gaspar que era el vigía del barco. Se pasaba el día subido al mástil, mirando el horizonte con un catalejo que estaba roto por un lado.
—Desde aquí arriba se ve todo —dijo Viento desde lo alto—. Bueno, por un ojo. El otro lado del catalejo está tapado.
Gaspar subió al barco con cuidado, intentando no mirar el agua que lo rodeaba. Se agarró a la barandilla con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—¿Estás bien? —le preguntó Viento, que había bajado del mástil—. Estás más verde que la lechuga de la sopa de Galleta.
—Estoy bien —mintió Gaspar—. Solo es… el desayuno que no me ha sentado bien.
—Ah, ¿tú también has probado la sopa de pulpo con mermelada? Tranquilo, eso les pasa a todos.
Gaspar intentó sonreír, pero el barco se movió con una ola y tuvo que agarrarse al mástil para no caer. El miedo le subía por la barriga como un ascensor descontrolado.
Era oficial: Gaspar era un pirata. Un pirata en un barco. En el mar. Rodeado de agua por todas partes.
Y estaba absolutamente aterrorizado.
Por favor espere mientras se genera el contenido...
Por favor espere mientras se generan los temas...
Por favor espere mientras se genera el contenido...
Por favor, espere mientras se genera la imagen de prueba...
Por favor, espere mientras se genera la imagen de Instagram...
Esta herramienta analiza a los usuarios existentes para identificar posibles bots basándose en diversos patrones y comportamientos.
Advertencia: Este análisis se basa en patrones y puede generar falsos positivos. Revise siempre los resultados cuidadosamente antes de actuar.