Book eliminación

Book Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Chapter eliminación

Chapter Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Class eliminación

Class Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Assignment eliminación

Assignment Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Quiz eliminación

Quiz Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Discussion eliminación

Discussion Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Character eliminación

Character Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

School eliminación

School Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

El príncipe feliz y otros cuentos

La estatua que brillaba sobre la ciudad



PDF

EPUB




18px


0px


1.8

Tema





Permite el desplazamiento vertical (corrige el contenido recortado en algunos dispositivos iOS)


1x

En lo más alto de la ciudad, sobre una columna muy esbelta, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz. Todo en él brillaba: el cuerpo estaba cubierto por finísimas láminas de oro puro, los ojos eran dos zafiros azules como el cielo del verano, y en el puño de su espada relucía un rubí enorme, rojo como una brasa.

La gente lo admiraba mucho. Las madres señalaban la estatua a sus hijos y les decían:

—¿Veis? Así de tranquilo y orgulloso debéis ser, como el Príncipe Feliz.

Los hombres con sombreros altos lo miraban desde abajo y comentaban entre ellos:

—Es tan bello como una veleta, aunque, claro, mucho menos útil.

Los niños que salían del colegio se paraban a contemplarlo a la hora del crepúsculo, cuando los últimos rayos de sol arrancaban destellos de su cuerpo dorado. Solo un chiquillo soñador, hijo de una familia humilde, decía:

—Parece un ángel.

Los demás se reían un poco, porque ese niño nunca había visto un ángel de verdad. Pero él insistía:

—Sí, parece un ángel. Y a los ángeles se les conoce porque miran como si quisieran abrazarte sin tocarte.

Una noche de otoño, cuando las hojas se desprendían ya de los árboles, una pequeña golondrina pasó volando por encima de la ciudad. Sus amigas habían marchado hacia Egipto hacía seis semanas, pero ella se había quedado atrás porque estaba enamorada de un hermoso junco que vivía a la orilla de un río.

La había conocido al principio de la primavera, mientras perseguía a una mariposa amarilla. Le gustó tanto el modo en que el junco bailaba con el viento que se detuvo, hizo una reverencia con sus alas finas y le dijo:

—¿Quieres que sea tu amigo?

El junco no contestó, porque los juncos no saben hablar, pero inclinó su tallo. Y eso le bastó a la golondrina para quedarse todo el verano allí, dándole vueltas alrededor mientras él se mecía con la brisa.

Las demás golondrinas le decían que ese amor no tenía ningún sentido.

—Es muy guapo —reconocían—, pero no tiene dinero, y además tiene demasiados parientes.

La golondrina no les hacía caso. Pero al llegar el otoño, cuando empezaron a soplar vientos fríos, comprendió que el junco no iba a poder acompañarla a ninguna parte.

—Adiós, junco —dijo con tristeza—. He esperado demasiado y no puedo quedarme. Egipto me llama.

Y emprendió el largo viaje hacia el sur. Voló durante todo el día y, al caer la tarde, llegó a la ciudad del Príncipe Feliz.

—¿Dónde dormiré esta noche? —se preguntó.

Entonces vio la estatua, allí arriba, brillando bajo la luz de las primeras estrellas.

—¡Qué buen sitio! —pensó—. Tiene mucho aire fresco y vistas a toda la ciudad.

Se posó justo entre los pies del Príncipe Feliz, metió la cabeza bajo el ala y se preparó para dormir. Pero cuando ya cerraba los ojos, una gota cayó sobre ella. Después otra, y otra más.

—¡Qué cosa más rara! —exclamó la golondrina—. No hay ni una nube en el cielo, las estrellas brillan como joyas, y aun así está lloviendo.

Levantó la mirada para ver de dónde venían las gotas. Y entonces lo entendió. No era lluvia. Eran lágrimas. El Príncipe Feliz estaba llorando, y sus lágrimas resbalaban por sus mejillas doradas y caían justo al lado de la golondrina.

A la luz de la luna, su cara parecía tan triste que la golondrina sintió pena de él.

—¿Quién eres? —preguntó.

—Soy el Príncipe Feliz —contestó la estatua con voz suave.

—Pues si eres tan feliz, ¿por qué lloras? —le dijo la golondrina—. Casi me has empapado.

—Cuando estaba vivo —respondió el príncipe— vivía en un palacio enorme rodeado de jardines preciosos. Allí no entraba la tristeza. Por eso me llamaban el Príncipe Feliz, y yo creía que era verdad. Pero ahora que estoy aquí arriba, puedo ver todas las cosas feas y todas las penas de mi ciudad. Y aunque mi corazón es de plomo, no puedo evitar llorar.

La golondrina se quedó muy callada. Nunca había oído hablar a una estatua, y aún menos a una estatua que tuviera sentimientos.

—Allí, en la calle de atrás —siguió el príncipe—, hay una casa pobre. Por una de las ventanas veo a una mujer sentada delante de una mesa. Tiene la cara cansada y las manos rojas, llenas de pinchazos de la aguja. Es costurera. Está bordando flores en un vestido para una de las damas más ricas de la ciudad. En un rincón hay una camita, y en la cama duerme su hijo pequeño. El niño está enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas, pero la madre no puede darle más que agua, así que llora. Pequeña golondrina, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están clavados a este pedestal y yo no puedo moverme.

La golondrina lo miró asombrada.

—Es que me esperan en Egipto —dijo—. Allí mis amigas vuelan ya entre los lotos del Nilo. Y por la noche se posan en la tumba del gran rey, en su sarcófago tallado. Iban a contar conmigo todas las semanas.

—Pequeña golondrina —insistió el príncipe con dulzura—, solo será una noche. ¿No te quedarás como mensajera por una sola noche? El niño tiene mucha sed y la madre está muy triste.

La voz del príncipe era tan dulce que la golondrina sintió que el corazón se le ablandaba. Miró el rubí, miró al príncipe, miró las estrellas. Después extendió las alas.

—Hace mucho frío aquí —murmuró— pero me quedaré una noche y seré tu mensajera.

—Gracias, pequeña golondrina —dijo el Príncipe Feliz, y una nueva lágrima, esta de alegría, brilló en su mejilla.

La golondrina sacó con su pico el gran rubí del puño de la espada y voló por encima de los tejados rojos de la ciudad, llevando aquella joya hacia la casa pobre como si llevara una pequeña estrella entre las plumas.






close

Social Media Content eliminación

Social Media Content Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.

Generación manual de contenido

error Por favor, introduce un título para la publicación.

Por favor espere mientras se genera el contenido...

Generando temas...

Por favor espere mientras se generan los temas...

Generando contenido...

Por favor espere mientras se genera el contenido...

Generando contenido para redes sociales...

Por favor espere mientras se genera el contenido de las redes sociales...

Generando imagen de prueba...

Por favor, espere mientras se genera la imagen de prueba...

Generando imagen de Instagram...

Por favor, espere mientras se genera la imagen de Instagram...

account_circle

Herramienta de análisis de bots

Herramienta de análisis de bots

Esta herramienta analiza a los usuarios existentes para identificar posibles bots basándose en diversos patrones y comportamientos.

Criterios de análisis:

  • Patrones de correo electrónico sospechosos (correos electrónicos secuenciales y temporales)
  • Nombres de usuario tipo bot (usuario123, test456, etc.)
  • Datos de perfil vacíos o genéricos
  • Múltiples registros desde la misma IP
  • Cadenas de agente de usuario sospechosas
  • Sin actividad desde el registro

Advertencia: Este análisis se basa en patrones y puede generar falsos positivos. Revise siempre los resultados cuidadosamente antes de actuar.