Book Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Chapter Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Class Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Assignment Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Quiz Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Discussion Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Character Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
School Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Marta llevaba tres años estudiando en el colegio San Ildefonso de Salamanca y creía conocer cada rincón del edificio: los pasillos de baldosas desgastadas, el patio interior con la fuente que nunca funcionaba, la biblioteca vieja del segundo piso donde las estanterías olían a humedad y a tiempo. Pero aquella tarde de octubre, mientras buscaba su cuaderno de matemáticas que se le había caído entre los radiadores del pasillo principal, descubrió algo que nunca había visto.
Debajo de la escalera que conectaba la planta baja con el primer piso había un hueco oscuro, parcialmente oculto por un panel de madera que siempre había dado por supuesto, como si formara parte natural de la arquitectura. Pero aquel día, el panel estaba ligeramente desplazado, dejando ver una rendija por la que se filtraba una luz cálida y dorada que no tenía explicación posible, porque detrás de aquella pared no había ventanas ni bombillas ni nada que pudiera emitir semejante resplandor.
Marta miró a ambos lados del pasillo. Estaba vacía —eran las cinco de la tarde y las actividades extraescolares habían terminado hacía rato—, así que se arrodilló y empujó el panel con las dos manos. Cedió con un crujido suave, revelando una puerta pequeña, del tamaño justo para que una persona de su estatura pasara sin agacharse demasiado. La puerta era de madera oscura, con un pomo de bronce en forma de pluma estilográfica, y estaba entreabierta.
La luz dorada salía de dentro.
Marta era muchas cosas —tímida, algo torpe en los deportes, incapaz de mentir sin que se le notara en las orejas—, pero no era cobarde. Empujó la puerta y entró.
Lo que encontró al otro lado no podía existir.
Era una biblioteca. Pero no una biblioteca normal, no una habitación con estantes y libros. Era un espacio enorme, circular, con paredes que se curvaban hacia arriba hasta perderse en una cúpula que parecía hecha de cristal y luz. Las estanterías ascendían en espiral, conectadas por escaleras de caracol y pasarelas de madera, hasta alturas que desafiaban toda lógica, porque aquel espacio era sin duda mayor que el propio colegio. Y los libros… los libros estaban vivos.
No en el sentido metafórico de que sus historias cobraran vida en la imaginación del lector. Estaban literalmente vivos. Marta vio cómo un volumen grueso de tapas rojas se deslizaba por una estantería como un gato perezoso, empujando a sus vecinos para hacerse sitio. Un libro pequeño de color azul revoloteaba cerca del techo, abriendo y cerrando sus páginas como alas de mariposa. Y en una mesa central, un diccionario enorme hojeaba sus propias páginas con un murmullo que sonaba como un anciano hablando entre dientes.
—No te quedes ahí parada, que entra corriente —dijo una voz.
Marta dio un respingo. Sentado en un taburete alto junto a la mesa central había un hombre que no era exactamente un hombre. Tenía forma humana, sí, pero su piel parecía hecha de páginas de pergamino, sus ojos eran dos gotas de tinta negra brillante, y sus dedos, largos y articulados, terminaban en puntas que parecían plumillas de caligrafía.
—Soy el Bibliotecario —dijo con una voz que sonaba como hojas pasándose—. Y tú eres la primera persona que cruza esa puerta en treinta y siete años.
Marta abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir.
—Esto no puede ser real —logró decir.
—Real es una palabra interesante —respondió el Bibliotecario, bajando del taburete con un movimiento fluido—. ¿Es real una historia que hace llorar a quien la lee? ¿Es real un recuerdo que cambia la forma en que alguien ve el mundo? Esta biblioteca es tan real como lo que ocurre dentro de los libros que contiene. Ni más ni menos.
Marta miró a su alrededor, intentando procesar lo imposible.
—¿Por qué se abrió la puerta? —preguntó.
—Las puertas se abren cuando alguien las necesita —respondió el Bibliotecario—. Y tú, Marta Requena, necesitas esta biblioteca.
—¿Cómo sabe mi nombre?
El Bibliotecario señaló hacia una estantería cercana, donde un libro de tapas verdes se había colocado en posición vertical, como poniéndose firmes.
—Cada persona que pisa este colegio tiene un libro aquí. El tuyo se ha estado moviendo mucho últimamente. Inquieto, como tú.
Marta se acercó a la estantería y sacó el libro verde. En la portada, con letras doradas, ponía: «Marta Requena. Volumen en curso.» Lo abrió y vio sus propias experiencias escritas en tinta que aún estaba fresca, como si alguien acabara de redactarlas. La pelea con Clara por el trabajo de ciencias. La sensación de no encajar en el grupo de Sofía. Las tardes sola en el patio porque nadie la invitaba a jugar al baloncesto.
—No todo lo que está escrito tiene que quedarse como está —dijo el Bibliotecario—. Los libros se pueden reescribir. Pero para eso, primero hay que entender la historia completa. No solo la tuya. También la de los demás.
Abrió los brazos, abarcando toda la biblioteca.
—Aquí encontrarás las historias de tus compañeros. Sus miedos, sus alegrías, sus secretos. Y entre todas ellas, hay un acertijo que resolver. Un conflicto que afecta a toda tu clase y que nadie ve porque todos están demasiado ocupados mirándose a sí mismos.
—¿Qué conflicto? —preguntó Marta.
—Eso tendrás que descubrirlo tú. La biblioteca te dará pistas, pero las respuestas tendrás que buscarlas en el mundo real, entre las personas de carne y hueso. Porque los libros pueden mostrar la verdad, pero solo las personas pueden cambiarla.
Marta sostuvo su libro verde contra el pecho. En algún lugar de la biblioteca, un volumen pequeño empezó a temblar en su estantería, como si estuviera llorando. Y Marta, sin saber por qué, sintió que tenía que encontrarlo.
Por favor espere mientras se generan los temas...
Por favor espere mientras se genera el contenido...
Please wait while the Instagram image is being generated...
Funnel Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Organization Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Esta herramienta analiza a los usuarios existentes para identificar posibles bots basándose en diversos patrones y comportamientos.
Advertencia: Este análisis se basa en patrones y puede generar falsos positivos. Revise siempre los resultados cuidadosamente antes de actuar.