Book Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Chapter Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Class Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Assignment Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Quiz Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Discussion Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Character Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
School Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Cuando la profesora Martínez dijo que al día siguiente llegaría un alumno nuevo, nadie le dio demasiada importancia. En el colegio Jacarandá, en la ciudad de Villaluz, los alumnos nuevos aparecían de vez en cuando y después de unos días ya nadie se acordaba de que alguna vez fueron nuevos. Pero este caso iba a ser muy, muy diferente.
El lunes por la mañana, los veinticinco alumnos de cuarto B estaban sentados en sus pupitres cuando la puerta se abrió y la profesora Martínez entró seguida de alguien que parecía un niño de unos diez años. Tenía el pelo corto y rubio, los ojos azules muy brillantes, una sonrisa amable y la piel extraordinariamente lisa, como si nunca hubiera tenido un solo grano ni un rasguño. Llevaba el mismo uniforme que todos los demás: pantalón gris, polo blanco y jersey azul marino.
—Clase, os presento a Álex —dijo la profesora Martínez—. Se incorpora hoy a nuestro grupo. Espero que lo acojáis bien.
—Buenos días a todos —dijo Álex con una voz clara y algo metálica, como si hablara a través de un vaso de cristal—. Estoy muy contento de estar aquí. Me gustaría aprender muchas cosas con vosotros.
Lucía, que se sentaba en primera fila y era la que más rápido detectaba cualquier cosa fuera de lo normal, fue la primera en darse cuenta.
—No parpadea —le susurró a Marcos, su compañero de pupitre.
—¿Qué?
—El chico nuevo. No parpadea. Míralo.
Marcos observó a Álex, que se estaba sentando en el pupitre vacío junto a la ventana. Lucía tenía razón: sus ojos permanecían abiertos, fijos, sin ese pequeño movimiento involuntario que hacemos todos cada pocos segundos.
—Igual es que está nervioso —dijo Marcos—. Cuando yo estoy nervioso me pasa al revés: parpadeo demasiado.
Pero Lucía no estaba convencida. Durante la primera hora de clase, que era de matemáticas, observó a Álex con la atención de un científico estudiando un espécimen nuevo. Y lo que vio le pareció cada vez más extraño.
Álex resolvía los problemas de matemáticas en menos de dos segundos. Literalmente. La profesora escribía la operación en la pizarra y antes de que terminara de poner el punto final, Álex ya tenía la mano levantada con la respuesta correcta. Cada vez. Sin excepción.
—Doscientos treinta y siete —respondió sin dudar cuando la profesora preguntó cuánto era 19 por 12 más 9.
—¿Has usado calculadora? —preguntó Bruno desde la última fila, un chico grande y ruidoso que siempre decía lo que pensaba.
—No, he calculado mentalmente —respondió Álex con su sonrisa permanente—. Puedo explicar el proceso si queréis: 19 multiplicado por 12 es igual a 19 multiplicado por 10 más 19 multiplicado por 2, lo que da 190 más 38, es decir 228, más 9, igual a 237.
La clase se quedó en silencio. No era solo que supiera la respuesta, sino que la explicaba como si fuera lo más natural del mundo, sin presumir ni fardar, con la misma tranquilidad con la que diría que dos más dos son cuatro.
En el recreo, Lucía reunió a sus amigos: Marcos, Sara y Hugo.
—Os digo que ese chico no es normal —dijo Lucía cruzándose de brazos.
—¿Porque es bueno en mates? Eso es un poco injusto —respondió Sara, que era la más empática del grupo y siempre defendía a todo el mundo—. A lo mejor simplemente es muy listo.
—No es solo eso —insistió Lucía—. No parpadea, nunca se rasca, no bosteza, no estornuda y su cara no cambia de expresión. Sonríe exactamente igual todo el rato. Los humanos no hacemos eso.
—¿Estás diciendo que es un… robot? —preguntó Hugo con los ojos como platos.
—Estoy diciendo que hay algo diferente en él y que necesitamos más datos antes de sacar conclusiones.
—Suena más interesante que las clases de lengua —dijo Marcos frotándose las manos.
Durante los días siguientes, Lucía y sus amigos observaron a Álex con discreción. Descubrieron cosas fascinantes y cosas desconcertantes. En la clase de educación física, Álex podía correr a una velocidad impresionante, pero no sudaba. En la hora de comer, se sentaba con su bandeja pero solo movía la comida de un lado a otro sin llevarse nada a la boca. En la clase de dibujo, hacía trazos perfectos, demasiado perfectos, como si cada línea estuviera calculada con precisión milimétrica.
Pero también hacía cosas que nadie esperaría de un robot. Se reía con los chistes de Hugo, aunque siempre un segundo tarde, como si necesitara tiempo para procesar el humor. Ayudaba a Sara cuando se le caían los lápices. Y una vez, cuando un niño de quinto le quitó la pelota a un pequeño de primero en el patio, Álex se acercó al niño mayor y le dijo con voz tranquila: «Eso que has hecho no es justo. Si eres más grande, tienes más responsabilidad, no más derecho.» El niño de quinto se quedó tan sorprendido que devolvió la pelota sin decir nada.
—Robot o no —dijo Sara esa tarde—, me cae bien.
Pero el viernes, todo cambió. En la clase de ciencias, la profesora Martínez pidió a los alumnos que midieran su pulso poniéndose los dedos en el cuello. Cuando le llegó el turno a Álex, presionó los dedos contra su cuello y se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego miró a la profesora con una expresión que, por primera vez, parecía diferente a su sonrisa habitual. Parecía preocupación.
—No tengo pulso —dijo en voz baja.
Pero no lo dijo lo suficientemente bajo. Bruno, desde la última fila, lo oyó.
—¡No tiene pulso! —gritó Bruno señalándolo—. ¡Lo sabía! ¡Es un robot!
El silencio que siguió fue tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Veinticuatro pares de ojos se clavaron en Álex, que permaneció sentado muy quieto, con las manos sobre el pupitre y su sonrisa desvaneciéndose por primera vez desde que había llegado.
La profesora Martínez cerró los ojos un momento, suspiró y se dirigió a la clase.
—Creo que ha llegado el momento de tener una conversación importante —dijo—. Álex, ¿quieres contárselo tú o prefieres que lo haga yo?
Álex miró a la profesora, luego a la clase, y finalmente habló con una voz que ya no sonaba metálica sino extrañamente vulnerable.
—Me llamo Álex. Y sí, soy un robot.
Por favor espere mientras se generan los temas...
Por favor espere mientras se genera el contenido...
Please wait while the Instagram image is being generated...
Funnel Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Organization Se eliminarán por completo. Este proceso no se puede revertir ni recuperar.
Esta herramienta analiza a los usuarios existentes para identificar posibles bots basándose en diversos patrones y comportamientos.
Advertencia: Este análisis se basa en patrones y puede generar falsos positivos. Revise siempre los resultados cuidadosamente antes de actuar.